En 2026, el Revisor Fiscal que solo audita transacciones es un espectador; el que audita algoritmos es un garante de la transparencia corporativa

En tiempos actuales el único tema del que se habla es la inteligencia artificial y como ella ha afectado todos los campos laborales, profesionales y económicos del mundo. La Revisoría fiscal y la auditoria, en este 2026, no se encuentra exenta de estos procesos de actualización tecnológica.

Es fundamental entender que en este año el Revisor Fiscal tiene el gran reto no solo de usar la tecnología para “sacar cálculos” con el fin de automatizar tareas, sino también para auditar los algoritmos o las cajas negra de los sistemas que toman decisiones autónomas de las empresas. El revisor fiscal debe asegurar que las decisiones tomadas por IA en la gestión financiera sean éticas, transparentes y libres de riesgos.

Hoy, con la IA, el sistema toma decisiones de crédito, valoración de inventarios o detección de fraudes de forma autónoma, generando una serie de retos para el auditor y la revisión fiscal en tiempos de la Inteligencia Artificial. 

Para ello, uno de los retos del revisor fiscal es validar la lógica del modelo y no solo el resultado final. Es certificar que los datos con los que se entrena la IA sean íntegros y legales, evitando que no estén en riesgo, ni sean erróneos, para así impedir que el dictamen financiero basado en esos pronósticos sea nulo. Otro, sería exigir que los desarrolladores proporcionen pistas claras sobre cómo el algoritmo llegó a una conclusión específica

Así mismo, un revisor fiscal debe evaluar si el uso de la IA cumple con las normativas éticas y legales para evitar riesgos reputacionales que afecten la continuidad del negocio, así como, monitorear que la IA no genere datos ficticios o correlaciones inexistentes que inflen artificialmente los estados financieros. Para lograr todo estos el profesional y la empresa deben consultar entidades como la IFAC (International Federation of Accountants) o la guía de COSO sobre IA y gestión de riesgos.

Un Segundo Reto para la Revisoría fiscal actual, sería la verificación independiente por parte de terceros (auditores) de la información ambiental, social y de gobernanza de una empresa. Su propósito es garantizar la fiabilidad precisión y transparencia de los datos reduciendo el “greenwashing” y fortaleciendo la confianza de inversores y reguladores. Ya sea a través de un aseguramiento limitado o aseguramiento razonable.

Para llevar a cabo estas verificaciones, los auditores se basan en normas técnicas globales como: ISAE 3000 (la más utilizada), ISSA 5000 (nuevo estándar) y AA1000AS (enfocada en la evaluación de la adherencia). En el Caso de Colombia, aunque la Superintendencia de Sociedades ha emitido guías (como la Circular 100-000010 de 2023) para promover buenas prácticas, la presentación de estos reportes sigue siendo mayoritariamente voluntaria para la mayoría de las empresas, aunque su obligatoriedad está avanzando en sectores específicos y mercados regulados.

Así mismo, existe un Tercer Reto para el revisor fiscal como es la ciberseguridad y los riesgos digitales.  Con el aumento de los ciberataques, estos dos temas se han consolidado como un momento crítico en la actividad profesional del revisor fiscal máxime cuando él es garante de la integridad de la información financiera y el control interno. La exposición a amenazas digitales puede comprometer no solo la veracidad de sus informes, sino también su responsabilidad legal y ética del profesional encargado.

El revisor fiscal tiene además la responsabilidad de evaluar si los controles internos de la entidad son suficientes para proteger los activos digitales y la integridad de la información financiera en tiempo real en un tema meramente técnico a convertirse en un riesgo crítico de auditoría. Otros riesgos digitales a vencer para la Revisoría Fiscal son:  la integridad de los datos financieros; interrupción de la continuidad del negocio; fuga de información confidencial; riesgos de cumplimiento legal; suplantación y fraude. 

Aunque el revisor fiscal no sea un experto frente a la ciberseguridad, debe actuar como un aliado estratégico evaluando controles preventivos, políticas claras de ciberseguridad, planes de recuperación de desastres (DRP) y auditorías de sistemas periódicas. Y a pesar de todo esto siempre aparece el escepticismo profesional en medio de la era digital por los riesgos que se presenta y por su poca experiencia sobre el tema.

Por tal motivo, el profesional debe estar siempre alerta y por obligación debe validar la seguridad de los accesos y la trazabilidad de los cambios en el software contable. La falta o el descuido en este proceso de gestión de riesgos con inteligencia artificial puede conllevar como consecuencia a nuevos vectores de ataque que el revisor debe considerar en su mapa de riesgos para asegurar un uso responsable y seguro de los datos. Al final, el incumplimiento en la vigilancia de estos riesgos puede acarrear sanciones disciplinarias y penales o una pérdida de confianza y de la credibilidad del revisor, hasta demandas penales y civiles.

 

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