En la contabilidad actual, el verdadero desafío no consiste en equilibrar los débitos y los créditos; el auténtico problema se encuentra en manejar la complejidad del lenguaje financiero. Por un lado, las Normas Internacionales de Información Financiera (NIIF) tienen el objetivo de representar de manera precisa la realidad económica de una empresa; por el otro, las regulaciones fiscales locales se enfocan en la recaudación de impuestos, siguiendo criterios estrictos sobre deducciones y causación.

Cuando estas dos realidades se enfrentan, surge la necesidad de un proceso detallado: la conciliación fiscal. No es solo un documento que se completa al final del periodo, sino que es la herramienta que explica las discrepancias entre las ganancias contables y la renta líquida sujeta a impuestos. Su gestión adecuada también es crucial para el cálculo correcto del impuesto diferido, el activo o pasivo que evidencia las implicaciones fiscales futuras.

El origen de la brecha: Diferencias permanentes vs. Temporarias

Para garantizar un cierre financiero eficaz, es vital localizar con precisión la fuente de las discrepancias. No todas las diferencias influyen en el futuro del negocio de la misma manera:

Diferencias permanentes: Estas son partidas que aparecen en los informes financieros. Las normativas fiscales nunca permitirán su deducción, como sanciones, multas o gastos no respaldados. También se incluyen ingresos contables que están exentos del impuesto sobre la renta. Al ser irreversibles, no producen impuestos diferidos. Sin embargo, aumentan la tasa efectiva de impuestos de la empresa. Para un cierre financiero sólido, es vital identificar el origen de las discrepancias con exactitud. No todas las diferencias afectan el futuro de la empresa de la misma manera.

Diferencias temporales: Se presentan cuando la contabilidad y la ley fiscal no coinciden en el mismo tiempo. Pero esta discrepancia se corregirá en los próximos años. Unos ejemplos habituales son la manera de calcular la depreciación de los bienes. También, las provisiones para litigios. O cuando los créditos se consideran incobrables. Estos solo se podrán deducir en impuestos cuando se cancelen de verdad. Estas diferencias son el fundamento principal para el impuesto diferido.

La conciliación también requiere una revisión detallada de la documentación soporte. Contratos, facturas, certificados de retención, conciliaciones bancarias, listados de inventarios, informes jurídicos sobre contingencias y cálculos de depreciación deben estar debidamente organizados y respaldar cada uno de los registros efectuados. Este ejercicio no solo fortalece el sistema de control interno, sino que también facilita la trazabilidad de la información y proporciona elementos de defensa ante eventuales procesos de fiscalización por parte de la autoridad tributaria.

Impuesto diferido

El impuesto diferido no es dinero que se paga hoy. Es una cuenta que ayuda a ajustar la ganancia de una empresa. Si una compañía tiene un gasto hoy, por ejemplo, para garantías, pero el gobierno no lo permite hasta el próximo año. Entonces paga más impuesto de lo que debería por su ganancia actual.
Este pago adicional se registra. Es un derecho a pagar menos impuesto más tarde. Esto ocurre cuando la diferencia se corrige. Lo mismo pasa al revés. Si un gasto se registra primero en impuestos que en contabilidad. Entonces paga menos impuesto ahora. Esto crea una deuda. Esa deuda se pagará en el futuro. Se llama impuesto diferido por pagar.

 

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